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miércoles, 1 de septiembre de 2010
Mentir.
sábado, 24 de julio de 2010
En medio de aquel caos, Tessa nunca pensó que encontraría a la fuerza que le ayudaría a seguir adelante con aquel peso que se ceñía sobre su espalda y que era indestructible. Vio aparecer a Adam como una sombra invisible que entró por cada parte de su ser dándole la fuerza que le faltaba. Y tan pronto como pudo, fue a refugiarse en sus brazos, y buscó la medicina que necesitaba en sus labios. Y soñó que subían a la cima más alta, que los pájaros volaban por encima de sus cabezas, y que pasaban noches sin fin encima de las nubes. Tal vez podría ser verdad.
Pero la realidad cayó como una tonelada de pitidos, tubos y agujas, como una mano que apretaba la suya intentando llevarse todo el dolor que ella sentía. Se dio cuenta de que esa era su verdadera vida. No le sorprendió, porque ella vivía de sueños. Y la realidad era aquella, sus padres lloraban y el médico sin corazón esperaba el momento para apagar la máquina. Su cuerpo le debilitaba a cada segundo, y la respiración le faltaba cada vez más. Su último pensamiento fue para ellos: para sus padres y su hermano, para Zoey, y para Adam.
Y su compañera durante todos estos años se la llevó a un sitio siempre desconocido para el hombre. Tessa se marchó en compañia de la leucemia que le había robado la vida, intentando no mirar atrás.
Este fragmento lo escribí mientras me leia Antes de morirme. Intenté describir el final con mis palabras. Es un libro estupendo, muy triste, pero real al fin y al cabo. Lo recomiendo.
miércoles, 23 de junio de 2010
Mi gran defecto (parte 2)
domingo, 20 de junio de 2010
¿De qué me sirvió enamorarme? (parte 1)
Me culpo por lo que le hiciera, aunque no sé bien qué pude haber hecho. Siempre ha querido estar conmigo, no pasaba un día que no me llamara, aunque fuera simplemente para saber qué estaba haciendo. Yo siempre tenía la misma respuesta: "Sólo pienso en ti". Nunca me había sentido tan atraído hacia una chica, y menos de esas características...
martes, 25 de mayo de 2010

jueves, 13 de mayo de 2010
No hay mejor profesor que el error.

Hacía ya una semana que el amor parecía haberse acabado en su vida. Estaba mejor, pero aún le dolia que todo hubiese cambiado tan repentinamente. Pensó y pensó hasta no poder más, y se dio cuenta de una cosa. Se estaba comportando como una de esas chicas que salen dos meses con alguien y cuando se acaba (algo que ya era evidente desde el principio) empiezan a decir en messenger, en tuenti, en todo lo que fuera público que se quería morir. ¿Y todo eso por una persona que solamente conocía de dos meses? ¿Dos meses y ya como si llevaran una vida? No, a ella nunca le había gustado eso. Pero había caido en la trampa de ser como esas personas. Pensó que, una vez más, había aprendido de los errores. Esos que al principio duelen, pero al final les acabas dando las gracias por ayudarte a ser un poco más persona.
Decidió olvidarse definitivamente de él, y con esa decisión y un zumo de limón, siguió su vida con una lección más sobre el amor y la vida (aunque al final acabaría sorprendiéndole una vez más).
lunes, 3 de mayo de 2010
Ya en clase, las horas pasan, no se separan para nada. Ella ve de lejos a los que un día fueron sus amigos y le dan ganas de acercarse, de decir cuatros chorradas y reirse como antes. Pero él no le deja. Se enfadaría si se fuera con ellos. Y ella no quiere que él se enfade. No. Siente lo que día tras día la atormenta. Siente esos barrotes de acero delante de ella, se siente como si estuviera en una jaula encerrada con él, viendo el exterior ajeno a ellos. Pero lo peor de todo es que en su bolsillo siente la presión de la llave de la jaula, una llave que terminaría con todo, pero no, no quiere dejarle, él lo es todo para ella. Excusa tras excusa, contradicción tras contradicción.
-¿Me estás escuchando? Te estoy hablando hace un rato y estás pasando de mi. Eres una sosa. Que te den.-le dice él cabreado. Ella piensa que parecen las palabras de un niño pequeño. Pero aún así no deja de arrastrarse.
-Lo siento, lo siento... Estaba pensado. Perdona.-le dice ella intentando abrazarle.
-Déjame en paz.-dice él. Otra dosis de infantilismo.
''No, otra vez la he fastidiado... Soy tonta, pensaba que hoy no ibamos a discutir pero siempre acabo fastidiándola''. Se echa una vez tras otra las culpas. Pero algo en su interior le dice que no debe, que tiene que salir cuanto antes de aquella jaula. La llave se hace más presente en su bolsillo. Al final acaba yendo a donde él está a suplicarle que le perdone. Como siempre.
Ya de camino a casa, vuelven a pelearse, porque ella ha mirado demasiado tiempo a un chico que ha pasado. Celos obsesivos. Otra vez la llave aparece. No se hablan, y ella sube a su casa sin mirar atrás.
Se encierra en su habitación, respira hondo tumbada en la cama, intentando soportar ese dolor. Piensa en utilizar la llave de una vez por todas, tampoco tiene que ser tan difícil, un par de meses malos, pero luego... Borrón y cuenta nueva. ''Sí, en cuanto tenga ocasión la utilizaré. Podré respirar tranquila, podré mirar a otros chicos, y ese miedo a todas horas de que él se cabreé desaparecerá''.
Mientras se ducha, piensa en cómo se lo dirá y en su reacción. Será mala, pero tendrá que soportarla. Cuando sale, despejada y con la decisión tomada, mira el móvil. Un mensaje:
''No me cabreo, te perdono, pero no me gusta que mires a otro, sino ¿para qué me tienes a mi? Te quiero, lo eres todo.''
La barrera que se había formado en su interior, el valor del que se había armado... Paf. Desaparecen.
''No, no puedo dejarle''.